SENCILLEZ, DON DIVINO
Probablemente no hay nada más chocante que una personalidad "inflada" o quienes se vanaglorian constantemente de sus propios logros, cualidades y posibilidades. Una personalidad sencilla a veces puede pasar inicialmente desapercibida, pero su fortaleza interior y su encanto es mucho más profundo y perdurable.
La personalidad sencilla es única, recia, sin adornos ni artificios, no le hace falta mostrar y poner en un escaparate sus posesiones y cualidades porque son evidentes y naturales. La sencillez nos enseña a saber quienes somos y lo que podemos.
Es fácil caer en la tentación de "lucir" en cualquier circunstancia: al entrar a un restaurante, al asistir a una fiesta importante... A veces podemos pasar muchísimo tiempo tratando de encontrar la ropa, accesorios adecuados, y podemos caer en la afectación en nuestra postura y tratar de cuidar cada palabra. Esto también con frecuencia puede quitarnos totalmente la espontaneidad y la frescura haciéndonos francamente insoportables y logramos exactamente el efecto contrario de lo que queríamos, en lugar de agradar desagradamos.
No debemos centrar nuestra vida en querer impresionar a los demás por estar "a la última" en electrónica, moda, autos, muebles, y peor aún es cuando nuestras posibilidades nos permiten llegar al punto de la ostentación. La postura de altivez y menosprecio son un efecto directo de estas ostentaciones.
Por otra parte, con frecuencia se desvirtúa la imagen de las personas sencillas, haciéndolos sinónimo de timidez e ingenuidad -en el mejor de los casos-, aunque en otras ocasiones se relaciona la idea a la pobreza y la suciedad. Ni lo uno, ni lo otro. La sencillez no es pobreza ni mendicidad, es tener lo que se necesita pero sin caprichos superficiales. La sencillez no es suciedad, la pulcritud no está reñida con la humildad del corazón.
no se olviden que LA SENCILLEZ ES UN DON DIVINO.
5 Comments:
Qué emoción encontrar a otro chileno por aquí!
Tienes mucho de razón en tus palabras, Karlutis, este mundo cada vez está mas lleno de imagen y publicidad, casi nadie quiere quedarse atrás en el carro de las apariencias y sin embargo, los corazones están vacíos...más vacíos que nunca diría yo. Vaya postmodernidad que vivimos!!!
Un saludo desde cerquita tuyo (Los Angeles)y me despido deseando que este año sea muy provechoso para tí y los tuyos.
Que mas sencillo, pero a la vez significativo que nuestra celebracion de año nuevo
¿o no?
Estupendo post, que comparto plenamente...
Aún hace un par de días colgué en mi blog un fragmento del libro del Tao que se refiere, más o menos, a lo mismo... no sé si lo has leído...
Un saludo, desde la distancia...
Que más sencillo, pero a la vez significativo ;que mis deseos de buenas noches y buenos días a través de un simple ring ..
ya estamos aulando
tqm
bye muack
Saludos, Carlos:
Vengo desde el blog de Delokos y animado por la entrada que dedica a sus asiduos, entre los que me encuentro. Me detengo en ésta entrada tuya, pues me ha gustado por distintas razones:
1º/ Porque reflexionas sobre actitudes humanas a las que nadie escapamos.
2º/ Porque haces esa reflexión desde el reconocimiento de tus propias actitudes, las cuales, a veces, y como escribes finalmente, pueden estar cerca de aquello que rechazas.
En estos días, y en otros tonos menos amables, sinceros y honestos de los que tú usas, vengo leyendo con demasiada frecuencia, en distintos blogs, reflexiones parecidas; pero sólo eso: parecidas. En esas reflexiones "monologadas", el autor suele escapar a la crítica que el hace, y se preocupa, más que por fijarse en sus propios "errores, carencias, miserias..." en hacer fuegos de artificio con los "errores, carencias..." que él dice ver en los demás, de manera que convierte un discurso aparentemente progresista, en una actitud ególatra y poco respetuosa.
Hasta donde entiendo (que no es mucho) todos los seres humanos estamos hechos de la misma pasta, aunque existan agentes sociales, educacionales... que hagan que esa pasta se modele de una manera u otra.
Disculpa, me estoy alargando.
Sólo, terminar con una cita de tu texto:
"¿De qué sirve estarme comparando constantemente con los demás?"
Hago una lectura de esta frase entendiendo que tu texto (y el mío) "caen" en la comparación, pues existen, en ambos casos, una intencionalidad crítica (legítima).
Me contesto a tu pregunta:
"La comparación puede servir para conocernos a nosotros mismos, para encontrar espejos que sean capaces de reflejarnos con mediana precisión, y para reírnos de nosotros mismos cuando veamos nuestro reflejo".
Entonces, emèzaremos a cambiar, si no complace, y sin preocupanos de que los demás comparen o cambien.
Un abrazo, y disculpas, de nuevo, si me extendí o fui poco claro.
:)
Publicar un comentario
<< Home